Manuel Manrique, con gesto de preocupación, junto a la ministra Ana Pastor. FOTO: Reuters

Manuel Manrique, con gesto de preocupación, junto a la ministra Ana Pastor. FOTO: Reuters

Pobre Canal de Panamá. Una de las grandes maravillas de la ingeniería mundial se ve emborronada por una banda de ineptos. En primer lugar, el Gobierno panameño y la Autoridad del Canal. Si presupuestan la ampliación en un dinero, NUNCA, y lo repito, nunca, se debe dar una obra por menos de lo presupuestado. Ahí está el primer fallo. Si el presupuesto es de algo más de 4.000 millones de euros, el Gobierno de Panamá tenía que haber rechazado todas las ofertas inferiores a ese presupuesto.

¿Por qué lo aceptó? Como diría algún amigo catalán, qui lo sá, o como diría otro, la pela es la pela. “Así tengo que pagar menos” se dirían los miembros del Gobierno. ¿Acaso no sabían que al aceptar un presupuesto notablemente inferior al realizado por su departamento no tendrían que desembolsar más dinero para la megaobra? Como nadie explica nada y todo el mundo echa balones fuera y culpa al contrario, pues eso, nos enteramos de bien poco.

Segundo gran error. Ahí le toca el turno al conglomerado que lidera el grupo de construcción y servicios, Sacyr. Según la Autoridad del Canal, la de Sacyr fue la mejor propuesta técnica. Olé por la ingeniería española. Si es la mejor técnicamente, ¿no debería ser más cara de lo que presupuestaron? Me explico. Si yo digo que esto lo voy a hacer así y asá, y además le voy a añadir una cosas por aquí que no estaban en lo demandado por el Gobierno panameño, ¿no tendría que tener un presupuesto mayor? Yo creo que sí.

Entonces, una de dos, o Sacyr no sabe hacer números y presupuestar una obra, o es que se las dieron de listos y quisieron engañar al Gobierno de Panamá. Tiraron el precio a la baja sabiendo que la obra que iban a hacer era mucho más cara. Le dan la obra por ese dinero y ahora les exigen más. ¿Por qué? ¿Tenían apalabradas las rectificaciones de presupuesto futuras? Es posible que Sacyr se jugara su obra estrella a unas futuras negociaciones. Sacyr sabía perfectamente lo que estaba haciendo y que podría encontrarse con esto. Entonces, ahora ¿por qué patalea? ¿No lo sabía hace un año que esto iba a pasar?

Me acuerdo que hace un tiempo, Sacyr tuvo paralizada la ampliación del Canal por un problema con los obreros. Se pusieron en huelga hasta que no pagaran lo que les había prometido Sacyr. Finalmente, el grupo tuvo que rascarse el bolsillo como era de justicia. Ahí, ya llegaron las primeras amenazas entre la Autoridad y el grupo de construcción. Las obras faraónicas es lo que tienen. Te salen enanos por todos lados. Cada día parado en la obra eran muchos miles de euros de pérdidas, por no decir millones.

Sacyr sabía que la construcción le estaba costando más cara de lo que presupuestó su queridísimo Luis del Rivero. El equipo del ahora presidente Manuel Manrique ha viajado continuamente en los últimos 18 meses a Panamá. Han hecho lobby y se han reunido con todo quisqui. Desde el Gobierno y la Autoridad del Canal hasta los medios de comunicación más importantes del país. Todo para decir que había normalidad en la obra. ¡Mentira! Y de las gordas. La construcción era un pozo de pérdidas. Las negociaciones se estiraron durante todo 2013. Pero claro, ya no es Luis del Rivero, el rey del mambo y mamoneo, el que negocia. El Gobierno no está dispuesto a pagar mucho más de lo que presupuestaron en su día, los 4.000 millones de euros. Pero es que la obra se ha disparado hasta los 5.000. Olé por el que presupuestó la obra en Sacyr.

La costumbre de algunos en España de pedir rectificaciones por un 18%-20% más para las obras de infraestructuras ha llevado a Sacyr a esta paranoia de precios. Pero lo peor de todo, es que ha metido al Gobierno de España de por medio. Como los señores constructores saben de qué va el juego en España, les tienen cogidos de los huevos a los Rajoy, Rubalcaba, etc. No he oído a ninguno de los dos partidos grandes atacar a las grandes constructoras. Pero ni por asomo. El caso Bárcenas ha salpicado a varias constructoras, entre ellas, Sacyr. También es conocida la vieja amistad de Luis del Rivero con Miguel Sebastián, David Taguas o el presidente Zapatero. ¿O es que ya nadie se acuerda de los intentos de hacerse con el BBVA o Repsol?

Me imagino a Manrique llamando a Rajoy diciéndole algo así como que saben demasiadas cosas. Ya saben ustedes, queridos lectores, en plan mafia. Así son los constructores de este país. El caso es que no tardó el Gobierno ni 24 horas en ponerse manos a la obra. ¿Por qué ayudan a Sacyr en un problema únicamente empresarial y no a los miles de pequeños empresarios que las pasan canutas cada vez que salen a buscarse las castañas al exterior? La ministra de Fomento, Ana Pastor, se hace la tonta como nadie. Nos quiere engañar a todos, una vez más. “No vamos a negociar en nombre de Sacyr”, dijo. Entonces, ¿a qué coño va? Luego dice que este escándalo no mancha la marca España. Apenas, querida ministra. En EEUU se frotan las manos con el espectáculo que están dando. Ellos se juegan mucha pasta y además se ven engañados tanto por el Gobierno de Panamá como el conglomerado dirigido por Sacyr.

En fin, que como diría aquel, que tres patas para un banco. Para no perdérselo. Antes de que se me olvide. En marzo de 2013, el empresario Juan Abelló salió del capital de Sacyr. Ahí lo dejo. Seguramente sabría algo al respecto de todo esto.

 

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